|
Ahora que vuelvo de la ciudad
impregnado de humos e indeferencias,
con el equipaje cargado
de desencantos y maledicencias,
con voces de enfermo agonizante,
que inmóvil, como pescador de la rivera
ve pasar el rió de la vida,
sin que nada pueda.
Ahora que vuelo,
para saturar mi mochila de estrellas,
para oír las voces amigas
que rompan cadenas,
que me permitan
rechazar los días de mi condena.
A El Portillo vuelo,
donde tanta grandeza
y tanta belleza
se contemplan,
donde cada día nazco
y cada día vivo,
donde cuando camino por las noches
admiro con serenidad y amor
el reino de Dios,
que me invita a un festín de felicidad,
donde mi ser se resiste, encerrado,
en mi cuerpo permanecer.
Aquí, percibo,
cuanto deleite nos regala la vida.
¡¡POR TODO ESO VUELVO!!
Autor: Manuel González Padrón
|
|