Como de una mujer misma se tratara,
así amo y deseo
a ese lugar mágico y soñado.

Sobre tí, como lluvia serena,
como rayo de sol acariciante,
recorro tu cuerpo terreno
y palpo y gozo tu hermosura.

Tus pechos de mil sombras
se reparten por tus cordilleras,
tu sudor te recorre
como cauce de purísimas aguas,
al igual que la sangre por las venas.

En tus playas
disfruto tu virginal desnudez,
sintiéndome parte de tu cuerpo,
apretándome y retorciéndome
junto a ti,
sumergido en tus cálidas aguas
para que nadie nos vea.

Quisiera ser
tu misma lengua prisionera
y junto con tu saliva,
penetrar en tu interior,
donde me pierda.

Convertirme en los Haitises,
en las Terrenas,
en el Limón,
en puesta de Sol,
para enamorarte
y así, siempre a tu lado estar.

Deseo tu fragancia
de hembra trepidante
y romper como oleaje,
por tus muslos arenosos,
para que siempre maldiga
todos los instantes,
que contigo no pueda estar


Autor: Manuel González Padrón