Las linduras del Portillo desde el cielo se aprecian, donde un verde esperanza me anuncia la felicidad, que voy a encontrar. Cansado al Portillo llego, después de volar por todos los puertos, y pernoctar en frías grutas, llego vivo, casi muerto. Me renuevo al llegar al Portillo, cubriéndose mi cuerpo de ardorosos deseos, que hacen brotar de ansias mis ilusiónantes recuerdos. Recados me traen, los aires del Portillo, de inocentes amores, muy deseados, que a mi vida llegaron cuando por primera vez, al Portillo llegué. Entre las linduras del Portillo hay una playa, para quererla y gozarla y buscar la espuma, de su estela final Que jamás un enemigo la ensucie con sangre ó tiros que maten, para que las barcas paseen tranquilas por sus aguas y que los infundios, ni los engaños sirvan de anclas ò amarras, en una orilla donde solo faros de amigos, se hallen. Autor: Manuel González Padrón