Las linduras del Portillo
desde el cielo se aprecian,
donde un verde esperanza
me anuncia la felicidad,
que voy a encontrar.
Cansado al Portillo llego,
después de volar por todos los puertos,
y pernoctar en frías grutas,
llego vivo, casi muerto.
Me renuevo al llegar al Portillo,
cubriéndose mi cuerpo de ardorosos deseos,
que hacen brotar de ansias
mis ilusiónantes recuerdos.
Recados me traen, los aires del Portillo,
de inocentes amores, muy deseados,
que a mi vida llegaron
cuando por primera vez,
al Portillo llegué.
Entre las linduras del Portillo
hay una playa,
para quererla y gozarla
y buscar la espuma,
de su estela final
Que jamás un enemigo
la ensucie con sangre ó tiros que maten,
para que las barcas
paseen tranquilas por sus aguas
y que los infundios, ni los engaños
sirvan de anclas ò amarras,
en una orilla
donde solo faros de amigos, se hallen.
Autor: Manuel González Padrón