Yo tenia un corazón, que a un niño entregué y él sin querer lo rompió, de tanto jugar con el. Un día en la playa, una cometa, en amigos nos convirtió, se sentía feliz y yo también. Desde entonces, cuando nos veíamos, a reunirnos corríamos, hasta el día, que en la playa, nos despedíamos. Jugué y jugué con el, disimulando mi tristeza y también mis lagrimas, que al mar iban a parar. Ni las perdidas, ni los desengaños, ni los machetazos mortales, me han hecho llorar, lloré y lloré, solo por el niño aquel. Autor: Manuel González Padrón