
Yo tenia un corazón,
que a un niño entregué
y él sin querer lo rompió,
de tanto jugar con el.
Un día en la playa,
una cometa,
en amigos nos convirtió,
se sentía feliz y yo también.
Desde entonces,
cuando nos veíamos,
a reunirnos corríamos,
hasta el día, que en la playa,
nos despedíamos.
Jugué y jugué con el,
disimulando mi tristeza
y también mis lagrimas,
que al mar iban a parar.
Ni las perdidas,
ni los desengaños,
ni los machetazos mortales,
me han hecho llorar,
lloré y lloré,
solo por el niño aquel.
Autor: Manuel González Padrón
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