
En un bosque de palmeras,
donde brota la magia
de la luz y la brisa,
deslizo mi cuerpo
por las ramas del sol,
abriendo plenitudes
y queriéndome aferrar,
al Nuevo Mundo
que descubro.
Comienza en mí
un paradisíaco sueño,
que recibiendo besos
donde comienza la noche,
me embarca en un navío
guiado por las estrellas,
transportándome a un lugar
donde el tiempo no tiene edad.
Ese lugar es,
El Portillo de Samaná
Autor: Manuel González Padrón
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