Siempre mi ser te presiente,
por donde quiera que miro, allí y aquí te veo.

Lugar de mis días soleados,
de mis noches mágicas,
lugar aposentado en el bosque,
guardado por verdes montañas,
bañado por cristalinas ondas azules,
reinando en el cielo y en las aguas.

Parece como si del firmamento, una mano se extiende,
para acariciar tus arenas doradas
y te protegen para no hundirte, bajo las onduladas aguas.

Siempre te presiento, como un lugar a la orilla del mar,
que susurra y brama por ti.

Lugar de mis días alegres,
de sueños en el paraíso,
de mis amorosos recuerdos,
de paradisíacas playas
y musicales jardines, con flores tropicales
que alegran y reparten juventud.

Palmeras que abrazándose en el cielo,
aladas como pájaros,
se balancean exhibiendo el brillo de sus hojas
y como si al oído, se quisieran hablar,
enviando mensajes, a las remotísimas tierras del infinito,
invitando a navegar, hasta este paraíso universal.

Allí, viví y sentí, el lugar soñado,
allí, donde los seres se sienten en paz
y las gentes hermanados,
donde el mar besa a quines, cada día se sumergen,
queriéndose quitar, las huellas de otro lugar.

Allí, fui llevado por un deseo soñado
y me encontré suspendido en el tiempo,
sintiendo el calor de sus playas,
la serenidad de la noche y el murmullo del viento.

Ni la eternidad destruirte podrá,
ni todas las voluntades lo conseguirán,
porque eres fruto de la mente de Dios
y emergiste como soplo divino,
permaneciendo en el tiempo,
como ave marina, que no arribará.

Allí está, el lugar de mis sueños,
de mis días descalzo, de mis noches desnudas.
allí, el cielo y la luna eres tú,
allí está el paraíso, el lugar soñado, El Portillo Dominicano.


autor: Manuel González Padrón

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