Nadando mar adentro,
busqué un tesoro
y encontré,
los Corales del Portillo,
donde se enredaron mis sueños
para despertar en ti y ofrecértelos.

No los arrastres por el fango,
ni los despiertes bruscamente,
que se han quedado prendidos
solo para quererte.

Estos sueños,
que dan el calor a mi cuerpo
rechazaron mis desconsuelos,
esperando sumergidos
volver a verte,
y en esas aguas fascinantes,
navegar a toda vela
y ser esa ola que llevan
a los Corales del Portillo,
mis dulces sueños.

Sueños que arañaron el aire,
hirieron las hojas
y movieron corales,
dejándome coronas de espinas,
y un amor en el corazón.


Autor: Manuel González Padrón