En una noche,
de deseos y fantasías
me vi junto a ti,
después de cien años esperándote
y a Dios suplicándole.
Me sentía lleno de ilusión,
con ansias de hacerte feliz
y todo en mi cambió.
La luna,
en su fase más esplendorosa
y su forma más romántica,
nos invitaba al amor.
El suave murmullo de la brisa
y la melodía que las olas
en la playa cantaban,
nos invitaron a cogernos de la cintura
juntar nuestros cuerpos
y pegadas nuestras caras,
ponernos a bailar.
Nos sentíamos libres
como gaviotas en el mar,
como reo de muerte
a quienes le condonaron su pena
y nuestras vidas se convirtieron,
en lindo amanecer
que asomaba tras el horizonte,
llenas de luz y esperanza
Desde entonces,
cada noche acudo a este lugar,
en el deseo de disfrutar
de esta fantasía,
que deseo sea una realidad.
(Dedicado al Portillo Dominicano)