Eres fantasía y realidad, un mestizaje incomparable de radiante bellaza inigualable, de ámbito universal, que hacen a los que te conocen, creer en los demás. Tu amistad enriquece, hace ambicionar al amor y también a soñar. ¿De donde sacas, mujer, tu desafiante hermosura, con tu primaveral frescura, igual que un bello amanecer?. De Ciguayos tu vienes con su pureza señorial, que se hacen perceptibles entre otros dones que tu tienes. ¿Por qué eres tan radiante con el pasar de los años, que como peldaños te hacen subliminal?. Ese altar de tus ojos, es puro atávico exotismo y es mucho más que lindísimo, el poderlos contemplar. Cuando pienso en ti, yo pienso en la pureza, del aire fresco y limpio de la montaña, del relieve de las cabañas y en el cuadro lleno de esperanza. Eres como la paz de un atardecer, como la brisa que entra por la ventana, eres divina entre las divinas, una diosa encarnada en mujer. Eres el hechizo, que en el caribe encontré. Autor: Manuel González Padrón