Desde mi obligado aposento
cada noche,
añoraba los corales y los encantos
de mi Playa Soñada.
Miraba con desconsuelo
al cielo,
suspirando é hinchando mi pecho
para no desfallecer,
por tanta nostalgia sentir
queriendo a mi Playa volver.
Hasta remontar vuelo
de nuevo
y dirigirme allí otra vez,
arribando como ave desesperada
para a su nido volver.
Y cuando allí me encontré
me pareció volver a nacer,
mi corazón se lleno de amor,
mi cuerpo se rejuveneció
y me sumergí en las aguas,
de mi Playa Soñada,
para purificar mi alma
y limpiarla,
de mis penas y pecados.
Dedicado a El Portillo Dominicano
(Republica Dominicana)
|