Añoro tu magnificencia
y tu fascinante grandeza,
que mansamente bañas purísima arena
y con un matrimoniado sol,
calientas y acaricias
a quines a ti,
en tu busca llegan.
Aquí, en mi patria,
cuando mis recuerdos
te hacen presente,
entras por mi corazón
como olas de playa,
que bañas y limpias las conciencias.
Y yo, con mis castillos de arena,
sueño y espero el día
que a ti, pueda acudir,
para oír, al silencio cantar
y volver a ser feliz.
No te ocultes en las sombras
de la indiferencia,
porque el viejo mundo te necesita
para que naufraguen y se pierdan,
las imperfecciones
que el mundo hereda.
Desde tierra adentro,
quiero embarcar
sin brújula ni remos,
porque al mar presiento.
Ni a mi corazón
ni a mi alma,
les importan sangrar en secreto
con el naufragio de mis deseos,
buscando la playa de mis sueños.
Autor: Manuel González Padrón
|