Por la orilla de mi playa soñada, me abracé a una palmera de femeninas formas hechiceras, descansando en codiciable olvido, arrullándome el agua al sueño del pasado. Un sueño que he querido hacerlo realidad y que solo en El Portillo he podido realizar. Allí, se oye al silencio cantar, allí, a nacer volví, donde el viento mis lágrimas secó y mis heridas cerró Porque de donde llegué, me quedé solo y cada noche, el puñal de mis silencios en mi alma se hundieron, cubriendo de sangre los recuerdos de mi niñez, dejando abierta mi historia para achicar las penas, que me obligan a navegar a la deriva, en busca del encanto de una vida sin llantos. Autor: Manuel González Padrón