Por la orilla
de mi playa soñada,
me abracé a una palmera
de femeninas formas hechiceras,
descansando en codiciable olvido,
arrullándome el agua
al sueño del pasado.
Un sueño que he querido
hacerlo realidad
y que solo en El Portillo
he podido realizar.
Allí, se oye al silencio cantar,
allí, a nacer volví,
donde el viento
mis lágrimas secó
y mis heridas cerró
Porque de donde llegué,
me quedé solo
y cada noche,
el puñal de mis silencios
en mi alma se hundieron,
cubriendo de sangre
los recuerdos de mi niñez,
dejando abierta mi historia
para achicar las penas,
que me obligan a navegar
a la deriva,
en busca del encanto
de una vida sin llantos.
Autor: Manuel González Padrón
|