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Abrazados al recuerdo
cada día añoro aquel lugar.
Donde las mañanas
explotan de rayos de sol,
donde el mar resplandece de luz,
el aire calido y suave
acarician los cuerpos
y todo a nuestro alrededor,
nos invita al amor.
Transcurre el día
y unas bellísimas palmeras,
agitan sus sombras
para cubrirnos,
del calido y radiante sol
que nos brinda su calor.
Se sucede la tarde
invitándonos a la paz,
a pasear contemplando
la despedida del día,
que se aleja por el horizonte
con destellos multicolores por el cielo.
Se aproxima la mágica noche
y todo bulle y revolotea
a nuestro a rededor,
queriendo manifestar
la dicha y alegría,
de habernos ofrecido ese día.
La noche nos cubre,
con su manto celestial
lleno de estrellas
y nos acurruca con el susurro
de musicales melodías,
que la suave brisa
y el romper de olas en la orilla,
nos hacen soñar.
Todo un sublimar sueño,
que en El Portillo de Samaná
es una realidad.
Autor: Manuel González Padrón
Dedicado al Portillo Dominicano (República Dominicana)
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