Me he pasado los años,
buscando una ruta, que marcara mi vida.
Queriendo olvidarme, de lo mucho que he logrado
y lo poco que me ha costado.
Quise ser mar y tierra,
para aquellos que navegan y quienes caminan,
pudieran en mi encontrar
un refugio de paz.
Quise ser nube y sol
para dar sombras y también calor,
para que todos en mí,
encontraran en mi calor y amistad,
alimento y tranquilidad.
Seguí ofreciendo,
lo que podía dar y mucho más.
Quise dar mi ser,
a quines lo merecieron
y a quines me engañaron.
Ofrecí mi infinito, aunque no me pertenecía
y solo hallé respuestas interesadas.
Al final, quise a Dios ofrecerle,
lo que él quisiera,
mi vida,
y tampoco la quiso.
Me sentí tan poca cosa,
aunque mucho había logrado,
que me miré por dentro,
preguntándome, quien era yo y donde estaba.
Remonté vuelo para escapar
y me encontré, en una tierra mágica,
más allá de los océanos,
un nuevo mundo, de gentes amables,
tez morena y blancos corazones,
donde mi alma casi no latía de tanta gloria.
Sentí correr la sangre por mis venas
y mis lágrimas de alegría,
por mi cara caer.
Al fin encontré mi ruta
y ya no quise bajar a la tierra,
porque allí encontré,
el brillo de mi vida.
Autor: Manuel Gonzalez Padron