Como ave viajera llegué después de volar perdido, cansado y desolado, sediento y hambriento de amor. Sin comprender mi existir, sin saber a donde ir, así llegué a saber de ti. Desnudo de ambiciones, huérfano de cariños, hundido en mis fracasos, miré al cielo buscando consuelo y solo encontré, mensajes en las nubes que me hablaban de tu amor. Quisiera que abrieras tus brazos y me dieras cobijo, para acabar con mis tristes vuelos, sentir el calor de tu cuerpo, saciar la sed de amar que tengo y morir de amor por ti. Los recuerdos, los enormes vacíos, ahogan a mi corazón como cenizas de una gran hoguera y temo ser una braza de tanta miseria. Autor: Manuel González Padrón